Hoy mi espíritu me obliga a escribir. Necesito hacerlo, y esto solo es posible en el idioma de mi alma: el español. Hoy se apagan los servidores de Pixel; esto significa que el proyecto se detiene y, con él, la ilusión que ambos fundadores habíamos puesto. Decirle hasta luego a un proyecto se siente como una ruptura. He tenido varias de estas en el pasado y, aunque me han dolido muchísimo —porque me entrego con mi alma a lo que hago—, también me han permitido experimentar alegrías infinitas y llenar mi vida de experiencias que difícilmente hubiese vivido si no me hubiese entregado por completo.
PixelMux es un proyecto que tenía más de dos años. Empezó como una idea de mi amigo Andrés para vender video generation. Él, un valiente y muy talentoso personaje, tomó sus ahorros e implementó su modelo de speech driven en un par de semanas como parte de su investigación de doctorado. Se enamoró tanto de la idea que decidió armar un equipo. Yo me uní cuando apenas estaban arrancando, para apoyar el área de marketing, desarrollando su landing website y su blog.
Poco a poco me fui involucrando en más áreas, hasta que Andrés quiso hacerme parte de los cofundadores de Pixel. Y allí, en medio de una maestría que me llevó al límite intelectual y físico, con más de 6 horas de diferencia porque mis colegas estaban en Estados Unidos, todos los sábados religiosamente a las 8 pm hora Inglaterra nos reuníamos a discutir sobre el producto, hablar de estrategias de marketing, debatir con Hamza, revisar avances, soñar.
Después llegó mi proyecto de máster, y con él la oportunidad de usar video generation para resolver un problema de animación computacional. También apareció un posible camino para competir en el mercado de video generation. Pero pasó lo que suele pasar en estos proyectos: el capital se acababa, la operación seguía generando gastos y nosotros no generábamos suficiente dinero con nuestros clientes para subsistir.
Intentamos alquilar nuestra infraestructura como servicio, desplegar otros proyectos que nos generaran cash, hicimos un par de pitch a potenciales inversionistas interesados en un CRM distribuible en Latinoamérica… pero aun así no fue suficiente.
Al final, en medio de muchas cosas que ambos estábamos moviendo, decidimos apagar Pixel. Pero no mis deseos de emprender. Yo sigo soñando con que este es el camino para tener una vida que me permita impactar a más personas positivamente. Lo voy a hacer; es algo que anhelo y que quiero guardar en mi corazón.
No es una despedida, es un hasta pronto. Volverá. Solo nos tomaremos una pausa, y cuando regresemos lo haremos en grande.
Te quiero, Muxie. Gracias por tanto aprendizaje. Con amor, tu creadora, Dani :')